Jeanne de Valois de La Motte

Cuando la estafa es enorme, ya toma un nombre decente.

Un cuello cortado fue el resultado de la ambición por un hermoso collar, y es que Mademoiselle Jeanne de Valois, la condesa de La Motte, tenía las miras tan fijas en el ascenso social y el éxito que perdió la perspectiva de sus actos, involucrando en su estafa a falsos nobles, un joyero engañado, un cardenal que fue burlado, y un escándalo nacional que llevó a la mismísima María Antonieta de Francia a la guillotina, la cual ni siquiera había formado parte en la confabulación.

Toda esta historia comienza cuando Luis XV encargó un collar para su amante, Madame du Barry. Si bien, éste no sospechaba que sería protagonista de una de las farsas mas insólitas de la historia. El artífice de esta joya fue Charles-Auguste Boehmer, un collar creado con 647 diamantes que componían una joya digna del cuello de la amante del rey, pero la viruela sesgó la vida del bien amado soberano, y la pieza que éste había encargado se quedó en manos del joyero parisino, lo cual lo llevó a la banca rota.

Pasó el tiempo, y casi diez años más tarde vio la oportunidad de deshacerse de la pieza y poder sacarle por fin rentabilidad. En su camino se cruzó una joven, Jeanne Valois de La Motte, acompañada de un clérigo, el ambicioso cardenal De Rohan, y ambos vieron en el collar la forma de enriquecerse, convirtiendo una costosa prenda en una historia turbia que llevó al desprestigio de la nueva reina de Francia. Jeanne era una mujer dispuesta a todo por encumbrarse socialmente; quería salir de la miseria en la que había pasado toda su vida.
Nacida en Fontette en 1756, una población cercana a la Champaña, pertenecía a una rama empobrecida de la baja nobleza, aunque estaba emparentada con los Valois. Siendo aún adolescente se casó con un oficial, Nicolas de la Motte, pero a pesar de que ella creía lo contrario, el oficial no tenía fortuna. Fue la marquesa de Boulainvilliers quien admitió al matrimonio en su círculo íntimo, presentándola al cardenal De Rohan.

Louis René Édouard de Rohan-Guéméné era un hombre codicioso, pertenecía a los círculos influyentes de la iglesia, y provenía de una familia de rancio abolengo francés. Había contado con la confianza del rey antes de su muerte, otorgándole encargos como el de acudir a la corte de Viena para acordar la alianza franco-austriaca, pero la casta le viene al galgo, y su conducta reprobable y sus intrigas hicieron que la emperatriz María Teresa y su hija María Antonieta se enemistaran con él.

Sin embargo, Luis XVI le ofreció cargos, nombrándolo obispo de Estrasburgo; con todo, no era suficiente, el quería llegar a ser el nuevo Richelieu, algo imposible si contaba con la animadversión de la reina. Para congraciarse con ella se instaló en la corte, donde conoció a Jeanne, la cual se hacía pasar por la condesa de Valois de la Motte, título inventado y que nunca existió. Ella debía grandes sumas de dinero, uno que no tenía, pero que debía devolver, y es de ésta forma como nace esta trama.

Hacia 1784 las finanzas de Jeanne eran escabrosamente angustiosa, y el cardenal le comentó su necesidad de acercarse a la reina, y ella, con la complicidad de su marido, vio una oportunidad de solventar sus graves problemas de dinero. El clérigo advenedizo sería quien los sacaría del entuerto. Jeanne difundió el rumor de su gran amistad con la reina, creando una ficticia e íntima relación que, como su título, nunca existió, ni con la reina ni con su consejera, Madame de Polignac. Y como las moscas a la miel, Rohan fue directo a por su oportunidad. Jeanne le hizo creer que la reina lo recibiría de buen grado, a cambio de que las deudas que acosaban a los De La Motte fuesen saldadas. Y De Rohan no lo dudó, de inmediato saldó las cuentas de los falsos condes.

Pero, a pesar de su inversión, el cardenal no veía resultados, y Jeanne le hizo llegar las supuestas nuevas exigencias para congraciarse con la reina. En este momento Marc Rétaux de Villette, un famoso falsificador, escribió una carta imitando la letra de la reina, donde aseguraba que perdonaría al cardenal si existía la posibilidad de un encuentro secreto tras saldar de nuevo las cuentas de los Valois de la Motte. Pero ninguna copia es perfecta, y el falsificador cometió un error, rubricó el escrito con el nombre de María Antonieta de Francia, cuando ella lo hacía solo con su nombre de pila.

Mientras, Jeanne y su esposo prosiguieron con su ardid, contratando a una prostituta para que se hiciera pasar por la reina. Nicole Leguay, aspirante a actriz y prostituta, fue contratada por Jeanne, dado su parecido con la reina, y una noche, vistiendo una réplica de un vestido de la soberana y velada, se entrevistó con el cardenal en los jardines de Versalles, donde le aseguró que toda disputa había sido olvidada y con premura abandonó la cita. La primera parte del plan había salido a pedir de boca, pero el siguiente paso era más complicado, ya que consistía en convencer al cardenal de que debía congratular a la reina con regalos, de esa forma obtendría su favor. Y, evidentemente, Jeanne sabía como hacer que la reina quedase impresionada.

Jeanne le habló del famoso collar, y le comentó que este había maravillado a María Antonieta, pero el estado de las arcas reales le impedía obtenerlo. El cardenal podría actuar como avalista, y la reina poco a poco iría abonando en plazos el coste total de la joya, una actuación que comprometería a la reina y que precisaba de la máxima discreción. La pieza era muy cara, y el cardenal dudaba, pero para ello entró en acción otro personaje, el conde de Cagliostro, un alquimista, ocultista y fundador del rito Egipcio de la Francmasonería, además de un gran amigo de De Rohan. Éste miró los astros y su mensaje de estos era de aprobación. Quizás no estaba mirando correctamente, o a lo mejor la estrella que miraba era la de Jeanne.

De Rohan compró el collar por 1.600.000 libras, pagadas en cuatro plazos; dos días mas tarde, en presencia de Jeanne Valois de La Motte, fue a entregárselo a un lacayo, que no era otro que Rétaux de Villette, pero como es de esperar, el collar nunca llegó a su destino. La pieza fue fragmentada para su venta, pero con lo que no contaban era con la honradez del resto de ciudadanos. Un joyero denunció que Rétaux quiso venderle unos diamantes, los cuales aseguraba que eran de la condesa de Valois de La Motte. Su bajo precio hizo que sospechara, pero la condesa no había interpuesto denuncia alguna, y el caso se cerró.

Jeanne, oliendo el peligro en el que estaban, envió a su esposo a Londres, llevándose con él parte de los diamantes del collar, para allí venderlos sin levantar sospechas. Elegantemente, Jeanne Valois de La Motte se retiró a una mansión, rodeada de lujos proporcionados por el cardenal y su gran ardid. Pero el vencimiento del primer plazo de pago puso a la supuesta condesa contra la espada y la pared. Boehmer acudió a exigir su pago, y el cardenal le mostró la carta supuesta de María Antonieta, y acosada por el joyero, Jeanne se vio obligada a confesar que esta era falsa. Pero omitió un importante detalle, la reina jamás había tenido el collar.

Bohemer se dirigió a Versalles para implorar a la reina que le devolviera la pieza, la soberana se mostró desconcertada, y hubo que decirle que el comprador había sido De Rohan, quien había obtenido la joya en su nombre. La reina pensó que se trataba de una trampa del cardenal e informó al rey. Luis XVI y el cardenal se reunieron para hablar del asunto del collar, y quedó al descubierto la intriga de los Valois de La Motte, el cardenal fue arrestado y llevado a La Bastilla, y Jeanne lo seguiría poco después. El esposo de Jeanne y Rétaux se mantuvieron a salvo en el exilio, pero en cambio la actriz Nicole Leguay y Cagliostro fueron acusados de complicidad.

Las penas que se pidieron en el proceso a los componentes de la intriga fueron ejemplares, pero el veredicto de la corte fue la excarcelación de Leguay y del conde de Cagliostro, aunque se le estableció como persona non grata en el país. El peso de la justicia recayó sobre Jeanne, condenada a recibir cien latigazos, a cadena perpetua en La Salpêtrière, y a ser marcada de forma permanente, con un hierro al rojo, con una V, de voleuse (ladrona). El esposo de Jeanne fue condenado a galeras, y Rètaux al exilio, pero ambos estaban huidos, por lo que evitaron sus penas. Mientras que el cardenal De Bohemer fue exculpado, si bien le dieron donde mas le dolía, nunca llegaría a ser el nuevo Richelieu. Fue obligado a dimitir del cargo, aunque un año más tarde se le levantaría el castigo. Tras seis meses en La Salpêtrière, Jeanne pudo huir a Londres; vestida de hombre tuvo el arrojo de escapar junto a otra reclusa, con ayuda de alguien del que se desconoce la identidad.

Éste proceso puso de manifiesto la ostentosa vida de la corte de Versalles, una repercusión que hizo poner en cuestión la popularidad de la reina criticada por su tendencia a la vanidad y la frivolidad. La nobleza apoyó a De Rohan, ofendidos por la exposición de uno de sus miembros y la humillación a la que había sido sometido, culpando a la reina por ello, a la extranjera que había provocado todo con su actitud. Por su parte, en Londres, Jeanne continuó afilando la cuchilla de la guillotina a través de unas memorias donde retrataba a la reina como una mujer dada a los excesos, una obra que llegó a Francia para desacreditar a su soberana, mientras ella se presentaba como una víctima más de la ambición de la reina. Con la caída de la monarquía los revolucionarios pidieron a la supuesta condesa que regresara, un regreso colmado de todos los honores. Pero la cabeza de Jeanne ya no era la mente preclara del crimen que solía ser, sufría de enajenación y, segura de que los defensores de la realeza la cazarían, murió arrojándose por una ventana en su casa de Londres, en 1791.

Del collar sólo perdura una réplica, y Jeane de Valois quedó relegada al olvido, pero su aportación no sólo fue una anécdota, fue un detonante que impulsó y argumentó una revolución. De ésta forma se pone de manifiesto que ni todas las mujeres somos santas, ni todas somos demonios, ni siquiera pretendemos serlo; y es que el ingenio humano y la ambición no tienen género.

Inma Vela

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https://www.lavanguardia.com/historiayvida/edad-moderna/20180102/47312991157/escandalo-en-versalles.html

https://khronoshistoria.com/la-condesa-de-la-motte/

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